14/2/2009

EL QUINTO MANDAMIENTO

Mientras leía el libro de Efesios, me llamó la atención como el apóstol Pablo resalta el Quinto Mandamiento, afirmando que es el primer mandamiento con promesa (Efesios 6:2). En varias oportunidades he recorrido los libros de Éxodo y Deuteronomio y no me había percatado de este detalle. De los diez mandamientos escritos por Dios en las tablas de piedra, el Quinto Mandamiento dice así: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que disfrutes de una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 5:16).

El matrimonio, conformado por el padre y la madre, es el núcleo básico de toda sociedad y esta unión fue creada por Dios bajo el principio de perennidad. Los padres son la primera y más importante figura de provisión y autoridad en nuestra vida terrenal y tienen una gran responsabilidad en el cumplimiento de su rol. Ellos deben invertir esfuerzo, sentimientos, tiempo y dinero para ofrecer protección, desarrollo, bienestar y guía espiritual a su descendencia. Los progenitores instruyen, dirigen, proveen, protegen, exhortan, orientan, consuelan, encargan, disciplinan, engríen. (Proverbios 1:8, I Tesalonicenses 2:11-12, II Corintios 12:14, Hebreos 12:7-8, Salmos 103:13, Mateo 7:9-11).

Me atrevería a decir que los padres o progenitores, llámense padre y madre, son una figura o representación terrenal de la “Progenitura Divina.” David y Jesús hacen un paralelismo entre el padre terrenal y Dios Padre: si el padre se compadece y da buenas dádivas a sus hijos, así hará Dios con quienes lo aman. (Salmos 103:13, Mateo 7:9-11). De allí la importancia que Dios les asigna, condenando con maldición y muerte a quienes menosprecian a sus progenitores (Génesis 9:20-27, Deuteronomio 27:16, Éxodo 21:17).

Para tener un idea más clara del Quinto Mandamiento podemos parafrasearlo coloquialmente de la siguiente manera: “Ten estimación y respeto por tus papis; sé agradecido, cortés, honesto y demuéstrales tu aprecio, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que tengas una ancianidad feliz, saludable, sin achaques y prosperes en todo lo que emprendas en la tierra que te da el Señor tu Dios.”

El beneficio de disfrutar de una larga vida nos habla de alcanzar una buena y saludable longevidad. Cuando veo como se ha reducido dramáticamente la expectativa de vida desde Moisés, quien recibió las tablas y vivió 120 años, hasta nuestros tiempos, cuyo promedio de edad mundial es de 78 años según la UNDP (Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas), me pregunto qué tanto de esta reducción está relacionada con el quebrantamiento del Quinto Mandamiento, considerando la advertencia del apóstol Pablo a su joven colaborador Timoteo: “...en los últimos tiempos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas…orgullosos…desobedecerán a sus padres, serán ingratos…”. (II Timoteo 3:1-2). Por otro lado, alcanzar una vida prolongada nos permite compartir nuestra existencia con nuestra descendencia: hijos, nietos y biznietos.

El beneficio de que nos vaya bien en la tierra está relacionado con tener éxito en nuestras decisiones, vencer las adversidades, gozar de bienestar económico, alcanzar paz, y equilibrio emocional y espiritual. Para lograrlo es necesario: 1. Oír y aceptar los consejos y las enseñanzas de nuestros progenitores, y 2. Obedecerlos, es decir, someternos a su autoridad. (Proverbios 4:1, 6:20-22, 13:1, Efesios 6:1, Colosenses 3:20). Esta es la manera como nos capacitamos para enfrentar la vida con sabiduría y cordura; hacerlo es agradable a Dios, quien no dudará en cumplir su Promesa.

La mejor recompensa que podemos ofrecer a nuestros padres, es alegrar sus corazones con el cumplimiento del Quinto Mandamiento (I Timoteo 5:14, Proverbios 10:1). Hay muchas maneras de hacerlo. Si eres un niño o un adolescente, sométete a las normas que ellos dicten en la casa, cumple con tu responsabilidad de lograr buenos resultados escolares, sé cariñoso y agradecido con ellos, no les respondas inadecuadamente ni les levantas la voz, obedece sus órdenes aunque no tengas ganas de hacerlo. Si eres un joven, además, comparte tiempo con ellos, apóyalos realizando actividades hogareñas (lavar los trastes, por ejemplo), cuéntales tus cosas y pídeles consejo; si ellos solventan tus estudios superiores, esfuérzate en lograr tus créditos; si trabajas y vives con ellos, también colabora con los gastos de la casa; si vives fuera de casa, llámalos por teléfono con regularidad y visítalos tanto como puedas. Si ya te casaste, permite que tus hijos pasen tiempo con ellos e invítalos a tu casa. Si alcanzaron la ancianidad, atiende sus necesidades, acompáñalos a su chequeo médico, engríelos, escúchalos y sé paciente.

Si bien es cierto “el orgullo de los hijos son los padres” (Proverbios 17:6), también es cierto que hay muchos padres que no cumplen con responsabilidad su rol y causan muchas heridas emocionales y sentimentales a los hijos, y en casos extremos, hasta daños físicos o abandono. Para ellos Dios tiene una preciosa promesa: “Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo me haré cargo de ti.”(Salmos 27: 10). Sin embargo, el Quinto Mandamiento no discrimina acerca de la calidad de padres que nos tocan, no dice: “Honra a tu padre y madre si son buenos contigo.” Es preciso perdonar los errores de nuestros padres y solamente Dios puede darnos la capacidad para lograrlo.

La influencia de nuestros progenitores juega un papel trascendente en nuestra formación moral y espiritual, así como en nuestra estabilidad emocional y mental. Los modelos de conducta que hemos visto en nuestros padres ejercerán predominio en nuestras reacciones y comportamiento, consciente o inconscientemente. Entendiendo que nuestros padres no están exentos de errar, es prudente tomar en cuenta el consejo bíblico de “examinarlo todo y retener lo bueno, absteniéndonos de lo malo.” (I Tesalonicenses 5:21-22).

Termino con las palabras del Padre Celestial: “Hijo mío, atiende a mis palabras, préstales atención. Jamás las pierdas de vista, ¡grábatelas en la mente! Ellas dan vida y salud a los que las hallan.” (Proverbios 4: 20-22).

5 comentarios:

  1. Anónimo4/3/09 12:15

    Gracias Tato,
    Por compartir lo que Dios te ha ensenado y puesto en tu corazon.
    Espero que te vaya muy bien siempre,
    Bendiciones,
    Gisella Arana

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  2. Anónimo4/3/09 12:21

    GraciA Hector esta formidable.
    Carmen Rodríguez

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  3. Anónimo4/3/09 12:23

    Muy bueno! Por eso me regreso a Perú.
    Un abrazo,
    Enrique Ramirez

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  4. Anónimo4/3/09 12:27

    Saludos Tattoyou, (asi se llamaba un long play de los rollings stones en los 80,s) Bien por compartir lo que hay en tu corazón, y de hecho estás alcanzando gente.
    Que todo te vaya bien cada día y alcances tus sueños,.

    Saludos.
    Johnny y Lou.

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  5. Buena Tato, este articulo esta muy bueno, es de bastante conocimiento y verdad para todos, que pena que cuando estuviste en Peru no nos pudimos ver, saludos a tu esposa. Aqui siempre los extrañamos .
    Un abrazo a la distancia, extensivo de Mariel y Fico.
    Fernando
    PD: Es posible que cite parte de esto en el blogg ESGRIMA PERU

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